Donan obra de arte

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El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Nerva, Fran Vázquez, ha recepcionado esta mañana en Sevilla la donación de una obra del pintor nervense Hermenegildo Sutilo por parte de Pablo José Vizcaíno Bueno, nieto del alcalde Juan Bueno Neto, que desempeñó las funciones como primer edil de la localidad minera entre 1932 y 1934.

 

La transmisión se hace de forma gratuita y sin ánimo de lucro, con la única intención de incorporar la obra pictórica al patrimonio artístico del Ayuntamiento de Nerva para su difusión y conservación en el Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz, tal y como se recoge en el contrato de donación firmado por el alcalde de Nerva, Rafael Prado, y el propietario del cuadro, Pablo José Vizcaíno Bueno.

La obra, de 120 x 80 cm., está realizada a óleo sobre lienzo, y recoge un paisaje otoñal, que bien podría corresponderse con alguna rivera de la zona.

Hermenegildo Rodríguez Sutilo (1921-1982) nació en el barrio del Pozo Bebé, concretamente en el número 3 de la calle Castelar en el seno de una familia humilde. Y desde su más tierna infancia, sentía y tenía especial predilección por el dibujo. “Ya en su cuaderno de clase, en vez de hacer los ejercicios que le ordenaba su profesor D. Orencio Rivas Trabajo, se dedicaba a dibujar”, cuenta Juan Gómez en su libro ‘Artistas Nervenses. Ventana abierta al arte contemporáneo (Nerva 1882-1942)’.

Comenzó sus estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Manuel Fontenla, donde conoció a Vázquez Díaz y José María Morón, en una de sus visitas a la escuela de su amigo Fontenla. Tras conseguir la Beca Daniel Vázquez Díaz que otorgaba el Ayuntamiento de Nerva se matricula en la Escuela Superior de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría en Sevilla, siendo discípulo de José María Labrador. Pero finalmente, no continúa estos estudios y regresa a Nerva para refugiarse ejercicio autodidacta, como pintor y decorador.

Gómez describe la pintura de Sutilo como “impresionista, de colores bellos y alegres, así como sus paisajes, floreros y bodegones, que están llenos de una gran sensibilidad y cromatismo… Sus gustos, sus pinceles, sus acciones y sus movimientos sobre el lienzo, tenían que adquirir formas distintas a las que hasta entonces habían sido normalmente primarias. Es decir, hay una gran evolución en su pintura”.

Humilde como su existencia, se contentaba con temas sencillos. No buscaba paisajes grandielocuentes, ni se dedicaba a fastuosidades. Le gustaba los temas sencillos, simples: Humildes veredas, apacibles rincones, viejas cocinas, sencillas flores y los temas propios de su tierra minera. Con los años, su arte fue progresando. Llegó a descubrir la pintura de Velázquez, Murillo y Goya, de los que llegó a realizar copias de sus cuadros más famosos.

Gómez destaca de la pintura de Sutilo sus bodegones, “llenos de fuerza y equilibrio” y los paisajes, “en los que hay una gran capacidad de captar con ojo fino y sagaz su estructura, que fue capaz de trasladar y plasmar en sus telas con orden, claridad y una total seguridad en el equilibrio de planos y formas”.

También califica sus cuadros como de una belleza formal, buscando siempre frescor y espontaneidad, intentando no perder nunca la impresión que sus cuadros ha causado en el espectador: “La disposición clara, amable y serena de todos estos elementos sobre el lienzo que pintaba con toques breves y con una gran sensibilidad, pero evitando siempre todo efectismo, truco y toda retórica. Sus obras son relativamente sencillas y a la vez admirables”.

Sutilo participó en la década de los años 60 y 70 del siglo pasado en diferentes exposiciones colectivas en Nerva y Minas de Riotinto, así como en Huelva. Posterior a su fallecimiento, en agosto de 1982, sus cuadros se han expuestos también en otras exposiciones colectivas en la década de los 90.